viernes, 5 de agosto de 2011

Salvador Dalí desde el psicoanálisis


Quizás pueda gustar o no, pero nunca inspira indiferencia. Considerado uno de los mejores representantes del surrealismo español, nos llama la atención por su creatividad, su dominio del dibujo y su capacidad de provocación. Tal vez su necesidad de reafirmarse y redefinirse comenzó al tener que asumir un nombre que era de otro, el de su hermano muerto nueve meses antes de nacer él. O esa necesidad se acrecentó cuando a los cinco años, sus padres le llevaron a la tumba de su hermano y le dijeron que él era su reencarnación, una idea que él llegó a creer. De su hermano, Dalí dijo: “...nos parecíamos como dos gotas de agua, pero dábamos reflejos diferentes...Mi hermano era probablemente una primera visión de mí mismo, pero según una concepción demasiado absoluta”.
A través del surrealismo pudo expresar sus ambigüedades, sus miedos y sus frustraciones. Según expone Bretón en su Manifiesto Surrealista (1924) en el surrealismo y la pintura, el inconsciente es la región del intelecto donde el ser humano no objetiva la realidad sino que forma un todo con ella. El arte, en esa esfera, no es representación sino comunicación vital directa del individuo con el todo. Esa conexión se expresa de forma privilegiada en las casualidades significativas en las que el deseo del individuo y el devenir ajeno a él convergen imprevisiblemente, y en el sueño, donde los elementos más dispares se revelan unidos por relaciones secretas. El surrealismo propone trasladar esas imágenes al mundo del arte por medio de una asociación mental libre, sin la intromisión censora de la conciencia. De ahí que elija como método el automatismo, recogiendo en buena medida el testigo de las prácticas mediúmnicas espiritistas, aunque cambiando radicalmente su interpretación: lo que habla a través del médium no son los espíritus, sino el inconsciente.
El artículo de Ana IRIBAS RUDÍN , que a continuación se adjunta,  muestra algunos  escritos autobiográficos y la producción visual de Salvador Dalí a la luz del psicoanálisis, especialmente bajo la óptica de Winnicott, Freud y Lacan.

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